¡BIENVENIDOS!

Estimados amigos:
Actualmente las nuevas tecnologías de la comunicación, nos brindan la posibilidad de hacer oír nuestras voces, nuestras inquitudes y opiniones personales, compartir visiones y puntos de vista con quienes en el mundo entero también desean compartir las suyas. Leer, escuchar e interactuar con otros seres humanos distantes o cercanos en cualquier punto del planeta. Esto es algo que personas como yo, pertenecientes a otra generación, nunca soñamos que fuera posible. Ser protagonistas y partícipes activos de nuestra sociedad mundial, sociedad que por otro lado se presenta en crisis, es una oportunidad insoslayable para aprender, enriquecernos y crecer. Esa es la idea de este blog. Gracias por pasar por mi humilde y virtual espacio. Si hay algo aquí, por minúsculo que sea, que pueda serles de utilidad, la pretensión de éste modesto cantor, no habrá sido en vano.

Cordialmente: ALEJANDRO REYES.
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martes, 23 de julio de 2013

Requiem para el canto paisano -por Alejandro Reyes.

Asistimos azorados a la más profunda debacle cultural de todos los tiempos.



Podemos ir diciéndole adiós a la cultura de nuestros pueblos desde el ámbito de las plataformas y escenarios públicos. Nuestro más fecundo acervo y nuestras más arraigadas tradiciones  se van por el retrete de la confusión y la ignorancia impuestas a fuerza de vaciamiento intelectual y cultural en  nuestra gente. Las grandes producciones se han apropiado de todas las plataformas populares del canto y de la música y han impuesto “la cultura mercantil e  insustancial del entretenimiento”. A los escenarios del pueblo, ya escasamente suben cantores y músicos populares. En cambio, se propicia el advenimiento de agitadores y “bailanteros”, en todo caso,  divertidores baratos de las masas. Lo que otrora fue desde la canción popular con fundamento (no importa su género), el alimento espiritual del pueblo, hoy, proyectando la cultura de la globalización, el consumo y la mercancía descartable,  no hay ningún alimento espiritual, sino mas bien comida chatarra. 



Nuestro país (Uruguay), una pequeña nación estimada en  territorio y población, que alguna vez se destacó por su grandeza cultural, por ser capaz de  parir imperecederas celebridades  en las letras y en las artes, ni siquiera puede recordarse a si misma, la memoria de un pueblo está siendo borrada de un plumazo.

Enormes sumas de dinero se gastan del erario público, usando las plataformas públicas, auspiciadas por patrocinadores públicos (ANTEL, UTE, etc.) en contratar artistas extranjeros que seguramente no vienen gratis a nuestros escenarios, sino que cobran sustanciosos caché, mientras nos damos el lujo de que muchos de nuestros más señeros cantores, autores y poetas populares de todos los tiempos desaparezcan en el olvido, a veces mendigando una pensión graciable del estado para poder terminar sus días en una casa de ancianos u hospitales públicos (Aníbal Sampayo, Marcos Velázquez etc.). Otros artistas nacionales, que otrora lucharon por una cultura popular verdadera, promovieron y reclamaron espacios,  y defendieron con su canto y activismo ideales muy diferentes a los que ahora,  haciéndose los distraídos,  nos meten a base de publicidad mediática, hoy callan inexplicable e inexorablemente. A muchos de ellos se los ve bien prendidos a la teta de  ésta vaca del entretenimiento barato que  se alimenta  en las praderas de la patria, pero que solo la ordeñan unos pocos. 


Algunos de estos “trovadores” que se agenciaron la fama otorgada por un pueblo que en esos tiempos también luchaba por un cultura digna, ayer recogían el aplauso popular haciendo la “V” de la victoria con los dedos de la  zurda,  y hoy,  subidos al caballo del “hazte fama y échate a dormir”, convertidos en mitos populares, siguen haciendo la “V” con la zurda pero cobran con la derecha, y en dólares si es posible, que es la librea moneda extranjerizante de aquel imperio que tanta repulsión les causaba en otros tiempos gloriosos de denuncia social. 






Por otro lado nos regodeamos con las grandes mentiras de algunos de lo que están al frente de “la cultura nacional”, cuando invocan a la unidad de La Patria Grande. Lo cierto es que,  ni patria,  ni grande. Un hermoso doble discurso donde se promueve este slogan haciendo todo al revés. Lo que menos importa es rescatar y promover la identidad profunda de América Latina. No hay espacio para la diversidad de esa inmensa riqueza continental. No hay escenarios ni plataformas para figuras menos grandilocuentes intentando mostrar las nuevas generaciones de raíz folclórica del continente. La mira está puesta en las grandes convocatorias, porque un buen cantor argentino, chileno o paraguayo,  aunque sea notable y talentoso, si es desconocido en los grandes medios,  no produce réditos políticos ni económicos, entonces hay que contratar a los taquilleros, a los que están instaurados en los grandes círculos propagandísticos de la TV y los grandes medios de comunicación, los que venden muchos discos, son tapas de revistas etc., ya sean mitos de una época gloriosa o estrellas fugaces buco-dentales de hoy. Esos sí tienen espacios y contratos, porque tienen poder de convocatoria, y eso es lo que al fin importa, porque  se traduce en réditos de marketing, publicidad, y mucha venta de chorizos y cerveza a la hora de los grandes festivales. Y ya sabemos que cuando decimos venta y mercancía sonríen los mercaderes (patrocinadores, auspiciantes, empresarios, políticos etc.), que al final son los que sostienen los pilares de la decadente civilización actual. Los mismos que Jesús echó del templo a patadas.
Ya ves, por eso mismo ni se te ocurra pensar que puede haber un interés en proteger la cultura de nuestros pueblos, por aquellos en quienes ha recaído por mandato popular esa función, y por ejemplo, que alguno de estos “mega-productores privados” y muchas veces asociados con el estado, se les puede pasar por la cabeza contratar artistas que hagan  pensar y emocionar desde la autenticidad,  apelando al sentimiento y a la cotidianeidad del pueblo, sus sufrimientos y sus alegrías. Se trata de que cuanto menos piense el pueblo, mejor. Aquí lo que se necesita es mucho ruido, gran profusión de electrónica, monstruosos escenarios con intensos despliegues de lumínicos y humo, para idiotizar cuanto más se pueda a esa masa de consumidores de chorizos, hamburguesas, comidas y  bebidas enlatadas. De este modo los escenarios populares otrora fundados para enaltecer a la cultura nacional y latinoamericana con muestras y expresiones  de sus artistas talentosos y dignos, hoy se han llenado de mediocres agitadores. Todo esto da mucha lástima.





Muchos de los artistas jóvenes y no tan jóvenes  que actualmente  dicen arrimarse al canto popular y de extracción folclórica, no tienen ni idea de lo que es realmente el verdadero canto popular y/o folclórico. En  muchas de esas  cabecitas y  en muchos de esos oídos no hay neuronas de reacción ni de emoción ante un obra nativa autentica, o una canción de genuina proyección folclórica. (Para un paladar al que le han destruido las papilas gustativas da lo mismo una vistosa carniza que el mejor  asado de exportación). Se soslaya totalmente la poesía y los poetas de la tierra. Se habla de evolución musical, de “aggiornamientos”, de fusiones y renovaciones, pero se ignora totalmente la raíz y se escarda con uñas de acero el tejido ancestral que costó centurias de elaboración en el tramado de las sagradas culturas continentales de nuestros pueblos.   Una canción ya  no vale por su contenido ni por su calidad, ni por su autenticidad, ni por su hondura en el tiempo, ni por su vínculo genuino con el hombre y la tierra; vale por que tenga “gancho”, apelando a que la gente pueda ser capaz de recordar y repetir un estribillo estúpido,  y cantarlo automáticamente aunque sea la primera vez que lo escuche,  y en lo posible,  que cuando sientan esa canción, les vengan ganas de bailar, moverse, tirarse al suelo,  o ir al baño… no importa, lo que sea mientras que no la haga identificarse con sentimientos humanos genuinos, con el medio y la problemática en el que vive,  y sobre todo,  que no la haga pensar, que eso es lo peor. El repertorio elegido en la mayoría de los casos, es para romper oídos, y en vez de apuntar al cerebro y a la sensibilidad cotidiana (que se encuentra en la capacidad del artista de traducir al pueblo, su verdad y tradiciones) apunta a las caderas para que la gente se zarandeé,  bata palmas y en todo caso grite y se revuelque. Ya no se sube un cantor a un escenario, se sube un agitador, que de repente aparece detrás de bambalinas dando saltos de acróbata o empuñando una guitarra como si fuera una ametralladora y,   antes de decir: “buenas noches estimado público presente” o algo por el estilo, podemos escuchar: “¡A ver las palmas!, ¡a ver esas palmitas...!”  La cosa es evitar por todos los medios que le vaya a fallar el cometido inequívoco para el cual se ha subido a las tablas, que por cierto no es la intención de hacer arte, sino de agitar y enfervorizar a los asistentes. Ahí radica para muchos el éxito o el fracaso de su actuación. Y lamentablemente para los organizadores y propiciadores de estos espectáculos (despropósitos)  que son el vademécum de la mediocridad - vendedores de política y publicidad- también radica el éxito o el fracaso de los eventos populares de hoy en día. 



Los bastiones del arte popular nacional que costó décadas de sacrificio levantar y donde muchos paladines gastaron sus mejores años, cayeron en poco tiempo como cayó el templo de Jerusalén, no queda piedra sobre piedra. Grandes festivales donde la “Tierra y el Hombre” eran expresados a través de sus auténticos cantores, músicos y poetas populares, son hoy una bolsa de gatos y perros, donde no se sabe quien ladra y quien maúlla, y todos se arañan y muerden por cinco minutos de éxito y de fama, mientras los buitres paladean las ganancias. 
En tanto asistimos en los escenarios públicos y populares  a la fastuosidad y despliegue de efectos especiales de éstas “frívolas y mediocres mariposas”  que  le dan rienda suelta a la bisutería de las artes, afuera,  “los pájaros de nuestro cielo”,  desplumados y sin árboles donde cantar y hacer su nido,   intentan un último vuelo rumbo al exilio del olvido.

 

miércoles, 17 de abril de 2013

El Butiá


El butiá es un fruto silvestre proveniente de los palmares de Rocha (Uruguay), 

cuyo consumo y comercialización se limita principalmente a esa región.

BUTIÁ
(poema de Alejandro Reyes)

Butiá, butiá,
frutita de palma
dulzura del ámbar
sabrosa guirnalda
madura en el sol.

Butiá, butiá,
húmedo y dormido
el fresco rocío
borda en tus racimos
sueños de cristal.
 





Allá en el palmar
yo tengo un amor
y es su cuerpo en flor
purita pasión,
y su boca es
igual que el butiá…
Frutita de palma
dulzura del ámbar
sabrosa guirnalda
madura en el sol.

(Quise de su boca
probar los licores
que tiene el palmar,
y allá en el estero
mordí su cintura
como un tigre en celo,
dulce caramelo
licor de butiá.)

Butiá, butiá,
húmedo y dormido
mojado en rocío
su cuerpo fue mío
igual que el butiá.

© Alejandro Reyes

Reina absoluta y silenciosa del paisaje rochense, "la orquesta de las palmas" -tal como la llamó Carlos Roxlo en la poesía que dedicó a su belleza- posee una magia que atrapa al visitante. Miles y miles de palmeras dos y tres veces centenarias conforman un paisaje único e irrepetible, "deleite de los ojos y encanto de las almas", según el poeta.

La palmera butiá es una especie propia del Uruguay y del sur de Brasil (estados de Mina Gerais, Paraná, Santa Catarina y Río Grande del Sur), pero las agrupaciones que forma en nuestro país son únicas por sus dimensiones y por su densidad. Estos bosques, totalmente autóctonos a pesar de aspecto exótico y tropical, ocupan unas 70.000 hectáreas de los departamentos de Rocha y Treinta y Tres y alcanzan su máxima expresión en los palmares rochenses de Castillos y de San Luis.

Los frutos de estas palmas -llamados coquitos o butiá- tienen forma ovoide, son de color amarillo anaranjado y son comestibles, de sabor agridulce. La floración comienza generalmente en enero, si bien las plantas viejas no florecen todos los años. El butiá madura en la primera quincena de abril.

Los coquitos, además de comerse frescos en estación, son usados con varios fines. Macerados en alcohol producen un buen licor, la tradicional caña con butiá que suele ser vendida por puesteros al costado de la ruta 9.

Además, la miel que producen las abejas en la zona del palmar, está basada fundamentalmente en el polen de butiá, lo que le confiere un color ámbar claro y una alta calidad.

SALVEN EL PALMAR.

El palmar de Castillos está ubicado al sur del departamento de Rocha, en una zona fundamentalmente ganadera. Es en él donde el bosque tiene una mayor densidad, llegando a las 480 palmeras por hectárea.

En cambio, los palmares de San Luis, en el norte del departamento, se encuentran en una región dedicada al cultivo del arroz, son más ralos y están peor conservados.

La palmera butiá no corre riesgo de extinción, pero sí el palmar, hoy compuesto casi exclusivamente por palmeras que ya tienen una edad estimada de entre 200 y 300 años. El envejecimiento del palmar se torna dramático porque el ganado se come las plantas jóvenes, por lo cual los ejemplares no se renuevan. La agricultura lo afecta aún más negativamente, puesto que altera la estructura del suelo y de su ecosistema.

La conservación del palmar no es una tarea fácil. Experimentos realizados en zonas donde se ha excluido al ganado han tenido un éxito parcial al crecer una gran cantidad de retoños, pero muchos de éstos murieron por tener un crecimiento más lento que otras plantas, no pudiendo competir con ellas por la luz del sol. Las nuevas palmeras solo tienen éxito en lugares serranos bien protegidos, en la orilla de los arroyos y en los bordes de las carreteras, donde no accede el ganado.

Preservar los palmares de Rocha es un desafío que enfrenta el país, tanto por su potencial económico como por su valor cultural y paisajístico.



Tomado de: PRO­BIDES. 1999. Guía ecoturística de la Reserva de Biosfera Bañados del Este. PROBIDES,­ Aguilar - Grupo Santillana, Montevideo. 304 p.
(2 fotos)

martes, 16 de abril de 2013

La última carreta - poema de Alejandro Reyes

Goteaban las tardes 
toda su fortuna,
y allá en los potreros
cantaba el hornero
su canción de cuna.

 Ernesto Laroche (Uruguay 1879-1940)


Un viejo a caballo
De poncho celeste,
Llevando una hacienda
Y oteando tormentas
Cruza rumbo al este.

Y su ¡Hopa, Hopa!
Pechando la tropa,
Como la plegaria
De un viejo fantasma
Le quema la boca.


Y allá en los bañados
Entre barrizales,
Degollando el viento
Una hoz sin tiempo
Chaira el tallo arisco
De los pajonales.
 

Quiebra la armonía
un pitar febril,
Es  el  cuajaron
De acero y  vapor
del  ferrocarril.


Paisaje con tren - Carmelo Varona (Español)


Huye la perdíz
De un bolido en prisa,
Desconfía el tero
Y  un chimango artero
Suelta su carniza.

De un lao’ de la vía
Una melga espera,
El noble sudor
Del brazo arador
Sobre la mancera.

Y en la otra barranca
Detrás de un caldén,
Overas estampas
Alzando sus guampas
Mugen su fastidio
Al paso del tren.

En la tarde blanca
Sugiere una aldea,
De un perro el ladrido
Y El humo aterido
De una chimenea.

Serpentea el camino
Tras de  la glorieta,
Y a paso cansino
Sobre el horizonte
Cruza rumbo al bronce
¡La última carreta!



 © Alejandro Reyes


La carreta  (Montevideo)